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La Adrenalina y el peligro

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     Cuando el ser humano se enfrenta a un peligro, la necesidad de supervivencia le ha enseñado a  responder  de tres maneras: se queda inmóvil, huye o ataca.Quedarse inmóvil sirve para intentar pasar inadvertido, sin embargo la decisión entre atacar o huir depende de las posibilidades de éxito que cada uno cree que tiene.

     Tanto para atacar como para huir, necesita poner en marcha distintos mecanismos físicos: el corazón se acelera para bombear el máximo de sangre posible y oxigenar los órganos vitales, las pupilas se dilatan para permitir la entrada de más luz y mejorar la visión, los movimientos intestinales se paralizan, ( no es momento de según qué cosas ), hay un aumento de presión sanguínea , así los vasos sanguíneos más importantes aumentan su capacidad de circulación  y los más pequeños disminuyen su calibre, se movilizan las reservas de energía convirtiendo el glucógeno en glucosa para ser utilizado rápidamente por los músculos.

     Todo ello es gracias a la adrenalina, secretada en situaciones de riesgo, ya sea por una razón real para ello como para situaciones ficticias. Piensa en cómo te sientes cuando ves una película de terror. Aunque sea ficción, son un estímulo que el cerebro interpreta como situación amenazante, y responde tal y como ha estado haciendo a través de los tiempos. Pero la liberación de adrenalina, tiene otro efecto colateral, que es la secreción de dopamina la cual proporciona una sensación de bienestar.

          Últimamente escuchamos eso de “adictos a la adrenalina “y que se trata de personas que necesitan sensaciones fuertes para sentirse bien. Veamos qué hay de verdad en ello.

          Adicción a la adrenalina como tal no existe como patología, ni en los manuales médicos ni psicológicos. Podemos encontrar sin embargo varios comportamientos relacionados con las conductas de riesgo y que pueden ser explicados por diversos mecanismos:
      En el Síndrome de Pontius, un desarrollo anómalo de dos pares craneales de gran importancia, y algunas alteraciones neurológicas relacionadas con dicha anomalía, provoca una sobreproducción de adrenalina, y por tanto las personas que lo poseen necesitan liberarla, así,  sienten inclinación por realizar actividades de riesgo .Pero este síndrome no es tan común como pueda parecer por la facilidad con la que se habla de adicción a la adrenalina, por el contrario se trata de una alteración que se puede considerar de rara incidencia.

          Se habla también de los buscadores de sensaciones, quienes buscan sensaciones y experiencias nuevas, intensas, complejas y que pueden caracterizarse por impulsividad, osadía, extroversión y también puede haber psicoticismo.  

         Los rasgos de personalidad de algunas personas, les llevan a realizar determinados tipos de conducta considerados peligrosos. Se ha comprobado que un número elevado de personas que practican deportes extremos, manifiestan características de ansiedad, presentan rasgos psicóticos y neuróticos, manía o necesidad de control por ejemplo. La búsqueda de sensaciones, sentirse capaces de llevar a cabo acciones que la mayoría ni se plantea, corriendo incluso un gran peligro… Es más probable en los hombres, y cuando aparecen responsabilidades familiares, este tipo de comportamiento disminuye. ¿Qué lleva a estas personas a correr estos riesgos innecesarios para la supervivencia? Para algunos es una manera de liberar el estrés, aunque para otros, estas conductas pueden llegar a ser resultado de un comportamiento autodestructivo, o lo que se busca es tener una imagen que le distinga del resto , siendo un comportamiento narcisista e incluso agresivo, sobre todo en los más jóvenes, o en aquellos que sienten rechazo por la autoridad.

     ¿Eso quiere decir que todos los que practican deportes extremos tienen estas características? No, por supuesto que no. Para ello debemos diferenciar las actividades de riesgo en las que el riesgo se corre sin más, sin precauciones, y las actividades de riesgo normalmente actividades físicas deportivas de aventura ( no siempre es deporte ) en las que el riesgo puede ser controlado. Las posibilidades de accidente y sus consecuencias son mayores en el primer caso, por supuesto, y en el segundo, hay una preparación previa, una forma de control y concentración, una habilidad desarrollada, por tanto es una actividad muy distinta. Pensemos en la diferencia entre correr con un coche en una autopista a 230Km/h, una conducta peligrosa en sí para quien la práctica y desgraciadamente para alguien que se cruce en su camino, respecto a un corredor de F1 en la que hay un entrenamiento físico importante, medidas de seguridad tanto en el vehículo como en el circuito, o sin ser tan elitistas con las posibilidades de sentir la velocidad extrema y la liberación de adrenalina, la sensación de montarse en una montaña rusa, también ahí los riesgos están controlados, no se trata de un deporte pero es una sensación a la que muchos les encanta y en cuanto pueden se suben de nuevo( confieso que me incluyo entre ellos).  Así que si te identificas en alguno de estos grupos de personas, ya sabes si es peligroso, normal y/o gratificante incluso saludable y por supuesto si necesitas ayuda en el caso de que puedan representar un peligro para ti o para quienes te rodean.

Bueno pues eso es todo por hoy. Un saludo y os deseo un buen día. 🙂

La frase para hoy:
Había visto muchas cosas en su vida, y había aprendido que había motivos para correr riesgos, para salvar una vida, para ganar una batalla, para proteger el nombre de la casa. ¿Pero correr un riesgo solo porque decías que ibas a correrlo? Una idiotez.

 Brandon Sanderson (escritor estadounidense)

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Circuito del Placer

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     ¿Te has preguntado alguna vez, porqué, algunos comportamientos dañinos  los repites una y otra vez? , ¿Por qué hay gente que sabiendo que algo le hace daño repite en el error? Bueno, pues son  varias las causas  responsables, pero una de ellas es lo que se llama circuito del placer o de recompensa. Quiero aclarar que solo vamos a hablar de biología, y de solo una parte de la biología implicada. Es un sistema sumamente complejo como para tratarlo solo en un artículo.

     Al cerebro le gusta el placer. Claro, lógico, pero ¿qué función tiene sentir placer? Ya sabemos que sentir dolor es una respuesta adaptativa que nos protege del daño, es cuestión de supervivencia. Pues el placer tiene la misma función, es una respuesta adaptativa, pero en este caso, nos infunde la necesidad de repetir conductas placenteras como son beber, comer, o el sexo, básicas para la perpetuidad de la especie.

     Este sistema no es exclusivo del ser humano, es un sistema primitivo que también poseen la mayoría de las especies. Pero también presenta sus problemas: funciona tanto con sustancias naturales como artificiales, y puede pasar de ser un mecanismo de protección para el mantenimiento y la generación de vida, a ser destructivo, como es el caso de las adicciones.

     El circuito del placer es un circuito formado por distintas estructuras cerebrales y el neurotransmisor clave es la dopamina. Un neurotransmisor es una sustancia que transmite información de neurona a neurona, así es como “hablan”, pasan  la información de una neurona a la siguiente,  a través de estas sustancias. Este paso de información es lo que se conoce como sinapsis. La dopamina por su parte, es uno de los  neurotransmisores más importantes y participa por ejemplo en la actividad locomotora, las emociones y procesos cognitivos, regulación endocrina, ingesta de alimentos y de líquidos, en la función cardíaca y renal  entre otros.

     Resumiendo mucho un sistema muy complejo, en condiciones normales, cuando algo nos aporta placer, se libera dopamina desde la neurona al espacio que hay entre ella y la siguiente neurona, es lo que se llama espacio presináptico, en este momento se estimulan los receptores de la siguiente neurona, la neurona postsináptica, y sigue de esta forma de neurona a neurona, activando las distintas áreas cerebrales implicadas en este circuito, la dopamina que sobra se revierte de nuevo a la neurona de origen. Dicho circuito, activa también las mismas áreas cerebrales que se activan en la toma de decisiones, y cuando se tiene delante la tentación, estas áreas sopesan las ventajas e inconvenientes a largo plazo y a  corto plazo. Algunos individuos son incapaces de resistirse a los beneficios de la recompensa inmediata aun siendo conscientes de los perjuicios a largo plazo, estos individuos tienen un sistema de recompensa sobreestimulado, se trata de un cerebro adicto, la secreción de dopamina provoca la alegría del placer y las ganas de más. Esta sobreestimulación hace que los receptores de la siguiente neurona, que recordemos, capta la dopamina que se ha liberado, se alteren, dando lugar a lo que se conoce como tolerancia, necesitando cada vez más cantidad para obtener el mismo placer. Recuerdo que estamos hablando de adicciones, y las adicciones pueden ser de muchos tipos, a sustancias, al juego, a la comida, al ejercicio físico, etc.

     En el caso del consumo de drogas,  éstas sustituyen artificialmente los mecanismos naturales del placer y la dependencia es la misma, pero se diferencia en las secuelas físicas, que son de especial gravedad, en las adicciones a sustancias y en el síndrome de abstinencia

     Aunque hay más sistemas involucrados en el sistema de recompensa, como la serotonina o el sistema hormonal, la dopamina es la reina en las adicciones y está involucrada tanto de forma directa como indirecta, y esto ocurre tanto en las adicciones del comportamiento  como en las adicciones a sustancias.

     Bueno, pues esto es en muy pocas palabras y muy escuetamente el mecanismo de funcionamiento de un cerebro cuando recibe sensaciones placenteras. Como vemos, es muy importante el equilibrio para que un mecanismo destinado a dar placer, no se convierta en un infierno.

Que tengáis un buen día y ya sabéis que espero vuestros comentarios.

La frase de hoy
No hay placer que no tenga por límite el pesar.

Lope de Vega